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Me fui de viaje y al volver me encontré estas imágenes de lo ocurrido en Zaragoza, noticias de 11 varas entre dos toros y un mensaje esperanzado de Javier. Me acordé del "Toro Mariposa" de Goya que había visto con La Virgen en el Prado. Farolero hacía levantar el vuelo de este arte con sus entradas al caballo. Y a la fiesta, que parecía estar con los últimos estertores, de repente le habían crecido dos alitas en los lomos, y se levantaba unos palmos del suelo entre seres que se reían de ella con caras grotescas ante algo que consideraban fútil. Pero hay estaba yo, volando con el toro...


Siempre que con el tema de los toros sale, por parte de los antitaurinos, el rollo de la España parda, marrón, negra, mierda, sangre, culturalmente atrasada, subdesarrollada moralmente, bla, bla, bla, ra-ta-ta-tá; se viene a mi cabeza la carita de Hermann Nitsch con sus largas barbas blancas de "sabio" austriaco y la foto del castillo barroco de Prinzendorf rodeado de verdes, dorados, inmaculados campos dignos de la ejemplar, ilustrada y moderna Europa... Lo que él hace sí que es elevado y está a la altura de los tiempos, eso sí y no la mierda de los toros...
Para el que no lo conozca, que supongo que serán mayoría, Hermann Nitsch es un artista (pintor, escritor y compositor) austriaco asociado al accionismo vienés. Como nos informa el blog rizomas.blogspot.com: "Si ha habido un grupo de artistas radical ha sido el llamado Accionismo Vienés, que allá por los años 60 revolucionaron el panorama en la tranquila Austria, creando happenings de fuerte impronta corporal, en donde las frías instalaciones que ahora dominan estaban llenas de sangre, fluidos de toda clase, música devastadora y otros elementos capaces de alterar a un público convencional. Uno de los creadores de esta actitud es Hermann Nitsch, que desde 1957 montó su Teatro de Orgías y Misterios, un proyecto plástico, literario y musical, que sería como una mezcla del land-art y el body-art, con fuerte impronta simbólica, como ahora veremos. Precisamente la acción de 1998, en Prinzendorf, ha pasado ya a los anales como algo excepcional: seis días sin parar en el escenario del castillo barroco, un paisaje de viñedos y trigales al noroeste de Austria".
"Entre el ritual religioso y la fiesta pagana, Teatro... de Hermann Nitsch pretende la experiencia en todos los sentidos; es un acto de comunión colectiva donde se come carne con el vino de la cosecha más reciente y se asiste, en una acción que combina la belleza con la más visceral repulsión, a la procesión, degollación y descuartizamiento de animales. La música se confunde con el grito de las bestias, el perfume de los inciensos con los olores animales"
"Lo que Nitsch trata es de recuperar la celebración --al comienzo del verano-- del principio de vida o nacimiento (celebración durante el solsticio de verano, rito del vino joven, hijo de la fecunda tierra), que conlleva la muerte con el consiguiente renacer (degollación de animales y consumo de su carne). Claro que todo esto, explicado, se queda en nada. "Solamente en la experiencia de su dramaturgia se comprende el sentido de totalidad a que aspira la obra". Lo que en su lugar celebramos ahora (noche del 23 al 24 de junio, San Juan) es una nimiedad. Se ha perdido toda la fuerza de los antiguos rituales y choca a la mayoría la sensualidad /carnalidad de este proyecto-realidad. Porque, acostumbrados ya a lo virtual /digital/representación cool, nada más perturbador que esta acción que dura varios días (con sus noches), y en donde se mezcla la sangre animal, la carne femenina abierta en canal, la música en tiempo real-espeluznante y los guiños constantes a la liturgia cristiana. Bestial" (siempre según recojo de la página rizomas.blogspot.com).
(Les dejo un video con imágenes de la acción en cuestión. Advierto de que pueden ser bastante desagradables)
Que quede claro que al traerlo aquí no pretendo nada parecido a "épater le burgeois", sobre todo cuando todo esto del accionismo me suena a esas nuevas estéticas de lo transgresor de las que habla Sánchez Ferlosio, esas que han saturado de tal manera nuestros ojos que los han insensibilizado perdiendo toda posibilidad de impactar ("El efecto "impactante", como diría un periodista, de lo transgresor se ve envuelto, así pues, en ese mismo proceso de desgaste: al no ofender más que a la vista, la apariencia ostensible en la que actúa el escándalo, no hace más que habituarla, sin hacer mella en los demonios que intenta debelar y agotándose en darse la satisfacción de hacer tan sólo el gesto del rechazo, tanto más ilusorio en cuanto más digerible por el poder de un mundo que ha logrado, no ya acallar ni amordazar por medio de la fuerza, sino disolver y disgregar mediante el privatismo, el consumismo,la dessocialización, la audiovisualidad, la desintelectualización y el deporte cualesquiera capacidades de reflexión y de elaboración de la experiencia hasta el extremo de que todas las posibilidades de contienda se reducen a un espectáculo de gesticulación, donde la propia estética de lo transgresor muestra la elementalidad y la simpleza de balbuciente residuo que atestigua la tremenda depauperación sufrida por el sujeto humano en general" Hacía una nueva estética. Rafael Sánchez Ferlosio). Vamos, que lo de Nitsch me parece un inmenso grito de "caca culo pedo pis". Él , para protejerse las espaldas, se esconde detrás de que "solamente en la experiencia de su dramaturgia se comprende el sentido de totalidad a que aspira la obra" (que si no te tragas medio litro de sangre no lo entiendes, ¡a ver quién le dice algo!) y todo esa base teórica mítico-pagano-dionisiaca-nietzschiana que me hace dudar a veces durante algunos segundos de que todo ello sea una estafa, y en esos segundos aparece la idea de que en realidad el cabrón se lo ha pensao mucho y ha conseguido al final que hablen de él en universidades de todo el mundo. En sus facultades de Bellas Artes, Filosofía, Historia del Arte... ¡En serio! Ha conseguido que hablen de él a continuación de nombrar a Paul Valery o a Stravinsky, o que le mencionen cuando tratan la relación entre Arte y Cuerpo, o en un curso sobre la pintura monocromática... Y todo con esos teatros de orgías y misterios... ¿Por qué no con los toros?
Hay Dios del pobrecito que para hablar en una universidad española de la relación entre cuerpo y arte siquiera nombrara las corridas de toros, o las sacara en un debate sobre otro campo al azar de lo intelectual... ¡Cómo sería despreciado! Y eso que, así de primeras, en una corrida de toros cualquiera se consiguen transmitir más experiencias a los sentidos y reflexiones al intelecto que en toda la obra de los Accionistas vieneses. Pero hoy en día, yo por ejemplo, como me emociono más imaginándome la faena en Ales de Rafaelillo (Dios le bendiga) al Dolores Aguirre (Dios la bendiga) tras ver la magnífica foto de Marc Delon y François Bruschet que viendo a un grupo de austriacos rebozándose en casquería y fluidos de animales descuartizados resulto ser un subdesarrollado, un atrasado, un inmoral, un sádico, una verguenza para el género humano... Así está el patio.


Antonio Montes Vico es el torero al que "El pasmo de Triana" se refiere, en verdad, en el texto anterior como fuente de devoción suya y de su cuadrilla de torerillos anarquistas. Máximo exponente de la quietud, a través de su toreo paradísimo influyó en Belmonte y a partir de él en todos los toreros posteriores, pasando a formar parte como concepto clave de los sagrádos canones de la tauromaquia. Sufrió una mortal cogida en México, por el toro Matajacas, el 13 de enero de 1907. Falleció cuatro días después a causa de las heridas. Tras varios días de exequias, por caída "accidental" de las velas del catafalco, se prendió el cadáver, apareciendo carbonizado, la cara y las manos enegrecidas, la piel del cuero cabelludo enrollada y las orbitas de los ojos vacías... El infortunio más allá de la muerte.
En él también se daba la peculiaridad de que tenía una gran sordera que lo abstraía de cualquier distracción del público y aumentaba su gran concentración en la lidia. Dándose así, según nos cuenta el Cossio, que se entregaba a la lidia con una cierta impasibilidad que resultaría excesivo, pero gráfico y patentizador, llamar mística.
Por esto de estar tan parado, pasarse los toros cerca y el rollo místico podría pensarse que es un precursor de José Tomás, pero en seguida vemos, leyendo alguna de las críticas de la época, que esto no es verdad:
"Montes ha desarrollado esta arde el toreo genuinamente clásico y rondeño que apuntó en tardes anteriores. Ha capoteado sus tres toros, causando la admiración de todos los espectadores, principalmente en los lances que propino al tercer bicho, con los pies fijos en el suelo como si los tuviera clavados, esperando la acometida con tranquilidad asombrosa, cargando la suerte con desahogo e inteligencia, y despidiendo los toros con los vuelos del capote, como el proyectil que sale de un cañón. Esta manera de fijar los pies, de aguantar, ceñir y vaciar reposadamente, es toreo de la buena escuela, es lo que hace tiempo se perdió y parece que va a resucitarlo Montes. Varias veces en la corrida de hoy ha logrado Montes entusiasmar al público con su toreo de brazos, con su toreo serio, lleno de emociones por lo poco que el diestro se mueve y lo cerca que está del peligro; y al mismo tiempo que los espectadores admiran el valor y la serenidad del muchacho para desafiar el peligro, contemplan la maña, el arte y la habilidad que posee con el capote para desviárselo, para burlar de cerca y con los pies quietos las terribles acometidas del bicho, que se vuelve y revuelve para apoderarse del objeto que le desafía y burla desde sitio tan próximo" (crítica de Selipe aparecida en El Noticiero Sevillano del 9 de Octubre de 1898, las cursivas son mías).
Montes, hoy en día casi está olvidado, pero recordándolo tiene un azulejo en Sevilla en la calle Pureza, donde nació, y donde años más tarde acabaría posando arrogante uno de los flamenco más grandes e importantes de todas las épocas, Antonio Mairena, que con todos sus defectos fue el máximo defensor de la pureza del cante y celoso guardián de la tradición.
Maireneros cada vez quedan menos, Juan Moneo "El Torta" es uno de ellos, jerezano puro de la dinastía de los Pacote va dando puñaladas con su cante allá donde este. En una de las últimas declaraciones que le he leído dice: "Casi todo lo que se hace no tiene sentimiento de verdad. Te vuelven loco con tanto ruido. Por eso me gusta que Beethoven fuera sordo, porque el silencio es donde reina la raíz. A Beethoven le vino bien la sordera, para no enterarse de muchas cosas".
A José Tomás también le hubiera venido bien, hubiera podido alejarse de todo el ruido que se monta a su alrededor por ese ejercito de aduladores, esa procesión de palmeros, ese coro de poetas baratos que le persigue... José Tomás parece mudo, no dice nada, ojalá fuera sordo y no escuchase tampoco. A lo mejor así podría llegar a la fuente de lo que es el toreo: Arte para burlar y serenidad ante el peligro; es decir, cargar la suerte con desahogo e inteligencia ante un toro bravo.


Estos días estuve ausente porque vino la Virgen a verme y he pasado una temporada en éxtasis. Ella se fue y salí a dar una vuelta por la noche. Esta se alargó. Cuando volvía a mi cueva andando por la desierta carretera estaba amaneciendo y hacía fresco. Los primeros rayos de sol iluminaban la llanura, el secarral, y yo echaba vaho por la boca. La lengua de asfalto se prolongaba en el horizonte, desapareciendo por una ondulación para volverse a aparecer a la vista en la lejanía. Un coche venía de frente. Muy rápido. Venía devorando kilómetros y gasolina. El estruendo se iba haciendo mayor a cada segundo. Me sonaba. Me situé en medio de la carretera con la sonrisa en los labios. Esperando. El coche apareció encima de la loma más cercana y empezó a descender sin disminuir la velocidad a pesar de verme. Cada vez estaba más cerca. Era una bestia. Juré no moverme. Tenía que ser él. Se iba acercando. Parecía que me iba a llevar por delante. Los focos encendidos, ya casi encima mío, me cegaban. Apreté los dientes y los puños. El grito histérico de los frenos. Olor a quemado. El Dodge Challenger R/T blanco perla del 70 estaba inmóvil a medio metro escaso de mí. Su motor Magnum V-8 de 440 caballos bramaba, rugía bravío como salido del infierno. La ventanilla fue bajando y una melodía se escapó por encima del fragor del Muscle car; la emisora KOW de dj Super Soul, la mejor música funk de las ondas. No había dudas. La puerta se abrió y bajo él. Kowalski.
-"Anda, sube".
Entre carcajadas me monté de copiloto. Se puso detrás del volante, me echó una mirada y aceleró. El interior era espacioso, con sillones de cuero, cómodo. Ya no se hacen coches así. Se sacó del bolsillo de la camisa una bolsa llena de benzedrinas y me la ofreció, pero la rechacé, siempre me ha gustado dormir y aguanto bastante despierto sin ayudas. El se tragó unas cuantas. Luego se las guardó, subió la música, puso sus ojos en la carretera completamente feliz y pisó a fondo.
Creo que debo explicar quién es Kowalski. Kowalski es un amigo de los viejos tiempos. Se dedica a conducir coches para una empresa de un lado a otro de Europa. Le encanta conducir. Sólo hacer eso. Ir de un lado a otro sin parar, sin dormir, sin comer, puesto hasta las patas de anfeta y escuchando a Super Soul. Unos dicen que es un existencialista que conduce por el placer de conducir sin otra meta que hacer lo que está haciendo, otros dicen que es el último héroe, el último alma libre, y que la cuestión no es cuándo parará sino quien va a pararlo, otros dicen que es un yonky de la adrenalina y las drogas que va conduciendo a ninguna parte para acabar reventándose contra un muro. Para mí, aunque el tío sea de los 70, siempre ha representado la modernidad, y aunque a veces le admiro, creo que terminará en medio de una bola de fuego.
Adelantó un helicóptero en medio de la meseta por una carretera secundaria y yo pensaba en Pepín Liria en Sevilla, ustedes dirán, "¿pero que coño...?", pero sí, ahí dentro, en el asiento delantero derecho iba yo pensando en su tarde con los Victorinos. La aparición del Dodge enfrente mío, embistiendo, me había traído a la mente la porta gayola frente al negro chiquero de la Maestranza, cuando Galletero casi se lo lleva por delante. Me acordaba de su mirada antes y después. Esa mirada. Con la luna en lo alto cambié de dial harto de Super Soul, tras unos segundos de ruido estático empezó a sonar una versión en clave electrónica de una canción de los Smiths, "There's a light that never goes out"; la letra habla sobre alguien que pide a otra persona que la saque a dar vueltas en un coche, que la lleve fuera donde hay luces y vida y no la devuelva nunca más a casa. La versión de la radio, de unos tales Schneider Tm, sonaba en medio de la oscuridad todavía más intimista, con esos ruiditos y chisporroteos de fondo y el grave retumbando, la voz tratada... Viajaba a 200 por hora sobre el asfalto y por mis intestinos, a lo más profundo. Los focos iluminaban la oscuridad cambiando constantemente la carretera que se ofrecía ante mis ojos, como un Victorino saliendo de chiqueros, quedándose cegado por la luz de Sevilla, para encontrarse a un hombre de rodillas esperándolo, con esa mirada... Y entonces el estribillo empezó a sonar:
And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine
Y si un bus de dos pisos
Se estrella contra nosotros
Morir a tu lado
Es una manera celestial de morir
Y si un camión de diez toneladas
Nos mata a nosotros dos
Morir a tu lado
Bueno, el placer, el privilegio es mío
Unos días más tarde Kowalski me dejó donde me había encontrado, en el punto limite cero, y desapareció. Volví andando a mi cueva con el estribillo dando vueltas en mi cabeza. En el rostro magullado de Pepín, en esa sonrisa, resonaba la canción...